La ciudad de Arequipa, cuna de grandes hombres en todos los campos del saber, las armas, la religión y el arte han engrandecido a nuestra patria.

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Isaac Recavarren Flores


(*Arequipa, 24 de Agosto de 1839 - † 8 de noviembre de 1909) fue un militar peruano de destacada y prolongada participación en la Guerra del Pacífico.

Hijo de don José María Recavarren Heredia y de doña María Josefa  Gómez y  Flores del Campo , nació en la ciudad de Arequipa el 24 de agosto de 1839, curso sus primeros estudios en el colegio San Agustín de su ciudad natal los que abandonó a la edad de 15 años para unirse al ejército del mariscal Ramón Castilla cuando en Arequipa se inició la revolución de 1854.




Partida de Nacimiento, en la cual figura  su nombre completo: Luiz Ceberiano Ysac Recabarren.

Continuando en la carrera de las armas como otros muchos arequipeños se vio envuelto en la Guerra Civil Peruana de 1856-1858 sirviendo en el ejército revolucionario del general Vivanco, a los 17 años obtuvo los despachos de alférez y los de teniente de artillería al año siguiente, perdida la guerra por el bando conservador tras la caída de Arequipa en marzo de 1858, Isaac Recavarren volvió a la vida privada. A los 23 años contrajo matrimonio con María Trinidad García Calderón y Landa, hermana del destacado jurista y futuro presidente de la república Francisco García Calderón.


Cuando en 1865 se inició la revolución encabezada por el coronel Mariano Ignacio Prado contra el presidente Juan Antonio Pezet en respuesta el claudicante tratado que este había firmado con el Almirante español José Manuel Pareja, Isaac Recavarren volvió al servicio activo uniéndose al ejército restaurador que a órdenes de Prado marchó a Lima; tras la caída de la capital el 6 de noviembre de 1865, fue ascendido a Sargento Mayor de la guardia nacional, al año siguiente concurrió al Combate del 2 de mayo como subjefe de la batería Maipú, por su conducta en aquella memorable acción para las armas de la república fue ascendido a Teniente Coronel.




De vuelta a Arequipa, ejerció brevemente la prefectura de la ciudad en 1867, secundó las campañas para debelar las revoluciones que Nicolás de Piérola Villena realizó contra los gobiernos de Manuel Pardo(1874) y Mariano Ignacio Prado(1876).

Cuando se inició la Guerra del Pacífico en 1879 se desempeñaba como jefe de estado mayor de la II división del Ejército del Sur, con las tropas marchó a guarnecer el departamento de Tarapacá, estuvo presente en la defensa de pisagua al mando de la Guardia Nacional del puerto en el combate fue herido levemente, se reintegró luego a la división del coronel Andrés Avelino Cáceres, combatiendo en las batallas de San Francisco y Tarapacá, en esta última acción recibió una bala en la mano derecha, a pesar de la victoria el ejército peruano hubo de retirarse a Arica.





En 1880 se encargó de la organización del segundo ejército del sur en su ciudad natal hipotecando sus propios bienes a fin de adquirir vestuario para la tropa, triunfante la revolución de Pierola y considerado de poca confianza por sus antecendetes políticos y simpatías con Prado fue puesto bajo arresto por los jefes pierolistas, deshecho el primer ejército del sur en la Batalla del Alto de la Alianza y caída en poder del invasor la plaza Arica, consciente que la próxima campaña seria en Lima optó por retornar a la capital donde permaneció varios meses fuera de servicio y a pesar de su experiencia militar fue destinado al frente de batalla como ayudante del Coronel Pedro Correa jefe de la II división de Reserva, concurrió a la Batalla de San Juan y herido nuevamente fue hecho prisionero en la desesperada defensa de Chorrillos siendo atendido por una ambulancia enemiga, tras la Ocupación de Lima se le permitió trasladarse a su casa a fin de curar sus heridas.



Durante el gobierno provisional de su pariente político Francisco García Calderón se le encargó la prefectura, marchando al departamento de Ancash con 400 soldados (ex prisioneros peruanos de San Juan) a fin de lograr el reconocimiento al gobierno provisorio, gran parte de su tropa desertó para unirse a la resistencia del general Cáceres con la que el mismo simpatizaba, deportado luego García Calderón a Chile y tras recibir una citación del cuartel general de ocupación presintió que le esperaba una orden de confinamiento por lo que abandonó secretamente Lima y se trasladó a Arequipa mas ante la inactividad del gobierno de Lizardo Montero fue a unirse a la resistencia encabezada por el general Cáceres en la sierra central, llevando consigo algunos hombres, 200 carabinas y un cañón fundido en esa ciudad.



Comandó el ejército del norte en la Batalla de Huamachuco donde fue nuevamente herido esta vez en la pierna, debió la vida a un cabo de su división que lo retiro del campo de batalla cuando se produjo la derrota conduciéndolo a la margen derecha del río Marañón donde su herida pudo ser atendida.


Firmado el Tratado de Ancón y desocupado el Perú por las tropas chilenas, trató infructuosamente de lograr un arreglo pacífico que permitiera la reconstrucción del país de manera armoniosa ante esto se abstuvo de participar en la guerra civil entre Iglesias y Cáceres, que culminó en 1885 con el triunfo del último.


Ejerció algunos cargos políticos, siendo senador por Arequipa entre 1890-1893, y prefecto en 1897 hasta 1900 fecha en que renunció, de igual manera presidió las Sociedades "Vencedores del 2 de mayo" y "Defensores calificados de la Patria", ascendido a general de brigada en 1901 integró el consejo superior de Guerra y Marina, murió en el retiro hogareño el 8 de noviembre de 1909 a la edad de 70 años.


Fotografías , en la Ilustración Peruana.







César "ATAHUALPA" Rodríguez Olcay


César "Atahualpa" Rodríguez (seudónimo de César Augusto Rodríguez Olcay, 1889-1992), poeta peruano, también de Arequipa, colaborador de Flechas, autor de La torre de las paradojas (Buenos Aires: Nuestra América, 1926). Escribió uno de los prólogos al primer libro de Hidalgo, Arenga lírica al Emperador de Alemania (1916). En 1928, fue miembro del grupo Los zurdos, formado alrededor de la revista Chirapu. Véase su Obra poética. Lima: Universidad Nacional de San Agustín, 1993.


Nació el 26 de agosto de 1889, fueron sus padres César Rodríguez y Mercedes Olcay quienes le pusieron por nombre César Augusto. Adoptó el nombre de Atahualpa pues así lo llamaba el poeta Percy Gibson M. Estudió en el colegio de la Independencia Americana, trasladándose luego a Lima donde dio inicio a sus estudios universitarios en San Marcos, los que tuvo que abandonar por dificultades económicas retornando a nuestra ciudad. Durante años fungió como Amanuense en una notaría. Pese a ello continuó con la lectura en base a libros que se prestaba, convirtiéndose en un autodidacta de extensa y sólida cultura. Hacia el año de 1916 se hizo cargo de la Biblioteca Municipal, cuya dirección ejerció durante más de cuatro décadas (1959). 

Debido a sus conocimientos, la Universidad de San Agustín le confió la cátedra de Historia de la Literatura, cargo que ocupó por bre ve tiempo. Colaboró con numerosas publicaciones entre las que cuentan: El Pueblo, El Deber, Noticias, El Comercio, La Crónica, Mundial, La Semana, Ariel (Montevideo). Formó parte del grupo "Aquelarre". Cultivó la poesía, la narración y el ensayo; reuniendo su obra poética en "La Torre de las Paradojas", "Poemas", "Sonatas en tono de Silencio", "Los últimos Versos", "Cien Poemas", "Arequipa en diez Poemas". También escribió la novela "Dios no nos quiere"; y los libros de ensayo "El Misti, genio tutelar de Arequipa" y "Ciudad de Piedra". Ha dejado a su vez, gruesos volúmenes de sus "Anales de Arequipa", que escribió durante su dirección de la Biblioteca Municipal, donde se conservan. Recibió las distinciones de la Orden del Sol del Perú, La Medalla del Senado, Medalla de Oro de la Ciudad y el Texao de Oro de la A.N.E.A. Murió el 12 de marzo de 1972.


En una entrevista al poeta José Gabriel Valdivia, este señala:



"En la Biblioteca Municipal llego a tomar un libro de Baudelaire subrayado por Atahualpa Rodríguez, él era un baudelariano. Hay toda una especie de mito con su libro La Torre de las Paradojas, él eligió el silencio como morada, se decía que era muy huraño, no lo llegué a conocer, él muere el 70 o 72 y éramos muy niños... Hay una anécdota de Neruda que dice que viene a Arequipa y va a buscarlo y le responde la hija de Atahualpa Rodríguez: "dice que no está". "Entonces dígale que no he venido", le responde Neruda."


Adjunto, alcanzamos lo que se escribió respecto de su libro La Torre de las Paradojas en 1926; Mirko Lauer lo expone como parte de la Polémica del vanguardismo de 1916-1928.


El siguiente artículo se publicó en la Revista Amauta en 1926:


La Torre de las paradojas/ Miguel A. Urquieta


Entre tanta puerilidad amariconada y seudoizquierdista que hoy paren a todo viento los literaturizantes de Europa y América, el libro del "indio Rodríguez" se alza como un alisio de arte viril que, sin ser de extrema zurda, sopla francamente de izquierda.


Para hacer arte de vanguardia, rebelde, inquietador, roturador de horizontes monótonos, el admirable poeta peruano no ha necesitado vestirse de mamarracho ni andar de cabeza o asomarla por entre las piernas, como los hombres de goma de los circos, en inverosímiles y lamentables contorsiones.

Las extravagancias jazzbandianas no son, para mí, arte de izquierda. Eso es hacer con el cerebro lo que Onán hacía con el sexo. Y lo que hacen los seminaristas en el exmisterio de los internados. Sodomizantes que pretenden incluso gomorrizar el arte.


Arte de avanzada y arte permanente es el que vibra en La Torre de las Paradojas. Nuevo sin ridículo, orquestal sin estridencias, audaz sin jeroglíficos ni urgencia de buscar "la solución mañana" como en las charadas de exfoliador.


El arte seudoizquierdista —mero alarde de buen humor en unos, paulicianas aberraciones del gusto en otros, novelería intonsa en los más—, tiene dos concreciones definitivas: el jazz-band y las palabras cruzadas. Ese ruido de peroles, sartenes, cencerros, guitarras, ukuleles, bacines, todo a un tiempo, mezclado, ensordecedor, dinamita del tímpano. Ese infecundo desgaste medular, que convierte al imaginador en mula, por lo estéril, y al descifrador en papanatas, entreverando palabras de quita y pon, chinitas de colores, gu-gús infantiles, emociones postizas. Todo, arena mojada que conserva una forma cualquiera mientras le dura la humedad.


Solo permanece el arte que tiene vértebras de bronce, mármol, granito, cualquiera que sea su dirección.


Junto al faro-rompeolas, espeso de luz, macizo de color y de calor vital, de los "Encadenamientos" de Barbusse, por ejemplo, cuántos millares de castillos, monigotes, apeñuzcamientos, ciudades enteras de arena, sin cohesión real, fugaces e iguales todos en su aparente diversidad, en su ilusoria resistencia al sol que seca y al viento que desmenuza.


Una literatura con vida y alcances de cuplé, no tiene valor social.


Pienso que la literatura, como toda expresión de arte, ha de ser índice de cultura, guía de humanidad. No guía lo que no es constante, en materia o en espíritu. Libro, monumento, credo cualquiera.

—Urquieta tiene ahora la fobia de lo nuevo— dirán por ahí.

No, señor.


Lo que tengo, lo que tuve siempre, es la fobia de lo feble, de lo falso, de lo catastrófico.


Catastrófico es que talentos de verdad dilapiden médula eyaculando al suelo. El mal ejemplo es como la pelagra. (La pelagra se combate y se cura con buena alimentación y tónicos).


Los muchachos, fácilmente alucinables, prontos siempre a copias, encuentran que es más cómodo reemplazar cultura y estudio con audacia, y en vez de agudizar el cerebro y desbrozarlo, lo embotan de tontería y vacuidad en la más simiesca de las imitaciones. Y nadie niega que si es lamentable venir del mono, mucho más lamentable resulta regresar a él.


La Torre de las Paradojas asienta sobre roca firme sus altos muros de bronce. Atahualpa, el torrero, es, por hoy, el más beethoveniano de los poetas del Perú: elevación de pensamiento, belleza de expresión, audacia imaginativa, ágil y vigorosa armonía del verso.


Una obra de arte, en suma. Y un artista.


La Paz, noviembre de 1926.





Publicado en la Revista
Amauta, Lima, 1926, Nº 4:4

Fuentes:
http://64.233.169.104/search?q=cache:p1 ... cd=1&gl=pe

Fuente:
http://filmbiologico.blogspot.com/2007/ ... ta-se.html

Mariano Felipe Paz Soldán

(n. Arequipa, 22 de agosto de 1821 - m. Lima, 31 de diciembre de 1886) fue un historiador y geógrafo peruano. Se le considera el fundador de la moderna historiografía peruana, siendo su aporte más valioso su monumental Historia del Perú independiente, que fue por mucho tiempo el único estudio documentado de las primeras décadas de la República peruana. Es también autor de un Atlas geográfico del Perú, el primero de su género (1865), y de la Narración histórica de la guerra de Chile contra Perú y Bolivia, la primera historia peruana de la guerra del Pacífico (1883). Como hombre de Estado fue ministro de Relaciones Exteriores (1857) y ministro de Justicia e Instrucción (1869-1870 y 1878-1879).

Fue hijo de Manuel Paz Soldán y Gregoria de Ureta Araníbar, y hermano de Mateo Paz Soldán (matemático y astrónomo), José Gregorio Paz Soldán (político y diplomático) y Pedro Paz Soldán (abogado y político).

Estudió en el Seminario de San Jerónimo de su ciudad natal y luego pasó a la Universidad Nacional de San Agustín donde estudió derecho. En 1843 se recibió de abogado, y después de desempeñar algunos cargos judiciales menores, fue acreditado como secretario de legación en Nueva Granada (Colombia) en 1853.

Fue comisionado por el gobierno de José Rufino Echenique para viajar a los Estados Unidos donde visitó cárceles, panópticos y casas de corrección de los estados de Maryland, Pensilvania, Nueva York, Massachussets y del distrito de Columbia, en la ciudad de Washington. De vuelta al Perú, expuso sus planes para el establecimiento de un modelo penitenciario en Lima, que lo llevó a cabo con el apoyo del presidente Ramón Castilla. En enero de 1857 fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores, pero renunció a las pocas semanas debido a fuertes discrepancias con el presidente, lo que no le privó de la estimación de éste.


Vista de la Plaza Bolívar de Lima y del Monumento a Simón Bolívar en el siglo XIX
En 1860, Castilla lo nombró Director de Obras Públicas, cargo que ejerció hasta 1865, y desde el cual favoreció los estudios de las vías de comunicación de Mollendo a Arequipa, y de Lima a Jauja, así como la construcción de varios muelles. Luego pasó a ser Director General de Contribuciones (1866-1867) y Superintendente de la Escuela de Artes y Oficios (1868), y como tal erigió la estatua ecuestre de Simón Bolívar en Lima. También estuvo interesado en la reforma monetaria que buscó la retirada de circulación de las monedas bolivianas (moneda feble o de baja ley), que habían invadido todo el sur peruano.

En 1865, publicó su Gran Atlas de la República del Perú, y, en 1868, el primer volumen de su Historia de Perú independiente, que empieza en el año 1819, en vísperas de la independencia. Le siguieron dos volúmenes más, con los que se completó la historia hasta el año 1827; otras obras históricas suyas continuaron la historia republicana hasta 1839 y se publicaron después de su muerte por obra de su hijo y su nieto.

El 28 de octubre de 1869, asumió como Ministro de Justicia, Instrucción y Culto, bajo el gobierno constitucional de José Balta. Interinamente se encargó del ministerio de Guerra y Marina, en enero de 1870. Su labor ministerial se orientó principalmente al ramo de la Educación, fijando las sumas presupuestarias para el funcionamiento de escuelas y los sueldos de los profesores, así como la organización y el aumento de las cátedras universitarias. Pero poco después se retiró de la vida pública para dedicarse a su gran obra enciclopédica, el Diccionario geográfico-estadístico del Perú, el cual fue publicado en 1877.

Nuevamente fue nombrado ministro de Justicia e Instrucción (1878-1879), bajo el gobierno constitucional del general Mariano Ignacio Prado. Interinamente se hizo cargo de la Cancillería, en mayo de 1879, en plena guerra con Chile. Ocupada Lima por las tropas chilenas, al igual que muchos de sus compatriotas buscó refugio en Buenos Aires, donde fue nombrado profesor en el Colegio Nacional Buenos Aires y donde escribió y publicó una historia de aquella guerra (1884). En Argentina (donde prácticamente cobró carta de ciudadanía) se destacó por recopilar datos geográficos e históricos y supervisar la edición del célebre Gran Atlas de la República Argentina o Atlas geográfico Argentino (editado -post mortem- en 1887, por Félix Lajouane). Retornó al Perú en 1885 y falleció poco después en Lima.

Publicaciones
Mapa mineralógico del Perú.
Índice alfabético del Código Civil y de Enjuiciamientos y de Reglamento de Tribunales (Lima, 1853), obra de divulgación legista, muy útil para su época.
Geografía del Perú (Lima, 1860), obra inédita de su hermano Mateo Paz Soldán (fallecido en 1857), que publicó con numerosas adiciones y un apéndice bibliográfico.
Atlas geográfico del Perú (París, 1865), con bellas litografías, mapas e ilustraciones, es el primer atlas del Perú republicano.
Diccionario geográfico del Perú (Lima, 1877 y 1885).
Historia del Perú independiente 1819-1827 (Lima, 1868-1874, 2 tomos, en 3 volúmenes), sin duda su obra histórica más importante, provista de un impresionante acopio documental. Una continuación que abarca el período de 1827-1833 fue publicada póstumamente por su nieto Luis Felipe Paz Soldán, en 1929.
Biblioteca Peruana (1879), la primera bibliografía especializada sobre el Perú.
Narración histórica de la guerra de Chile contra Perú y Bolivia (Buenos Aires, 1883; reeditada por Carlos Milla Batres en 1979), obra ya clásica sobre la guerra del guano y del salitre desatada por Chile contra el Perú y Bolivia.
Diccionario geográfico estadístico de la República Argentina (Buenos Aires, 1885).
Atlas geográfico de la República Argentina (Buenos Aires, 1887, edición póstuma).
Además, fundó la Revista Peruana (1879-1880), la primera revista especializada de historia en su país.


Hipólito Sánchez Trujillo

La obra de este sabio arequipeño mereció el reconocimiento de diversas sociedades científicas del país y del extranjero que lo honraron nombrándolo socio correspondiente.
Fuente: Escuela Virtual Backus.

La ciencia de la Astronomía y el estudio de los fenómenos estelares han logrado un avance increíble y hoy es posible predecir con extrema exactitud eclipses y otros eventos astronómicos. Sin embargo, los cálculos matemáticos de un arequipeño del siglo XIX se anticiparon en mucho al actual conocimiento de la mecánica celeste. Este hombre sabio que, también, sobresalió en el campo del derecho y el periodismo fue Hipólito Sánchez Trujillo.

Nació el 12 de agosto de 1818 en el hogar de don Vicente Sánchez Trujillo y doña Isidora Fernández Martínez en la casa Nº 111 de la calle Sucre, en el centro de Arequipa. Cursó estudios escolares en el Colegio de la Independencia Americana y los superiores de Derecho Natural, Internacional, Civil y Canónico en el Colegio de la Merced, ingresando luego a la Universidad Nacional de San Agustín, dónde convalidó sus estudios de Jurisprudencia y se graduó  recibiéndose de abogado en 1844.

Sin embargo el aspecto fundamental del aporte de Hipólito Sánchez Trujillo y para valorar la importancia e impacto que tuvo éste en el mundo científico de la época, hemos de remitirnos a su obra "Efemérides Astronómicas del Sol y de la Luna", que publicó en 1857. En ella están calculados con asombrosa exactitud los eclipses de Sol y de Luna que habrían de producirse del año 1856 hasta el año 2000. Las horas de inicio y fin del fenómeno están calculadas para las coordenadas de Arequipa. ¿Cómo se explica que en el siglo XIX, un arequipeño con solo unos cálculos y observaciones haya logrado tal hazaña científica? ¿Más aún, considerando que había elegido como profesión la de abogado?

Como hombre de leyes prestó servicios por espacio de 44 años a Poder Judicial, llegando a ser presidente de la Corte Superior de Justicia en varios periodos. Por privilegio exclusivo del Estado, publicó el "Formulario para los Jueces de Paz". En 1863 fue elegido Senador Suplente por el Departamento de Arequipa. Cuando en 1871 vino el Presidente Balta a inaugurar el ferrocarril Arequipa-Mollendo, fue recibido por Hipólito Sánchez Trujillo, quién presidía la Comisión nombrada por el Prefecto para la ocasión. Como abogado defendió siempre gratuitamente a los pobres. La fructífera vida de Hipólito Sánchez Trujillo abarcó, también, el campo de la Educación; fue profesor de Mecánica, Física, Astronomía y Matemáticas del Colegio de la Independencia Americana, publicando el texto "Prontuario del Sistema Métrico Decimal". En agosto de 1866, fue nombrado Rector y desde ese cargo redactó un reglamento de importantísimo alcance pedagógico.
También se desempeñó en el periodismo. Cuando el General Ramón Castilla sitió Arequipa en 1858, Hipólito Sánchez Trujillo publica su periódico "Vencer o Morir", donde manifiesta su valiente opinión. Lo mismo haría durante la Guerra con Chile. Además fue redactor, enérgico y patriótico de "La Razón" y de "La Bolsa".

La obra de este sabio arequipeño mereció el reconocimiento de diversas sociedades científicas del país y del extranjero que lo honraron nombrándolo socio correspondiente. Pero fue en 1868 cuando su fama alcanzó el aplauso mundial. El 13 de agosto de ese año, un terremoto sacudió Arequipa dejándola en ruinas. Las autoridades de la ciudad acudieron a Hipólito Sánchez Trujillo para que explicara, en base a sus conocimientos científicos, las causas del terremoto, y lo que más les interesaba, si se repetiría y en que condiciones. Hipólito Sánchez Trujillo tuvo la audacia y valentía de refutar al reconocido sabio alemán Rodolfo Falke, en su teoría predictiva de terremotos, demostrando que estaba equivocado. Lo que provocó una controversia internacional, de la que salió vencedor el sabio arequipeño.

Este trabajo junto con su estudio astronómico le valió el reconocimiento mundial, habiendo sido nombrado, en mérito a su aporte científico, Socio Correspondiente de varias Sociedades Científicas de Europa y América,

En medio de la estima y el respeto de todos sus conciudadanos Hipólito Sánchez Trujillo, falleció el 8 de junio de 1893, a la edad de 75 años. 

Mariano Melgar Valdivieso





( Arequipa, Perú, 10 de agosto de 1790 - † Humachíri - Puno el 12 de marzo de 1815). Poeta y revolucionario independentista peruano. Para muchos iniciador del Romanticismo en esta parte del mundo. En él el romanticismo no es imitación de lo que ya se hacía en la Península Ibérica o en Francia, sino un sentimiento profundo y propio, no olvidemos que fue un joven y precoz poeta que no alcanzó a madurar porque la muerte lo sorprendió buscando la patria libre. Mariano Melgar expresa un sentimiento andino/mestizo, que nadie se había atrevido a exponer hasta ese entonces en una sociedad tan prejuiciosa y españolizada que se agravaba por el centralismo limeño. Visto desde este ángulo, Melgar es el iniciador de la poesía verdaderamente peruana, sin acudir a los estilos europeos para pretender que lo consideren poeta. Participó en la guerra por la independencia del Perú frente a España. Melgar es uno de los primeros románticos del Perú en el siglo XIX, más conocido por incluir en su creación el sentimiento de los Yaravíes indígenas (cantos sentimentales principalmente de las zona sur andina).


Nació en Arequipa, Perú, el 10 de agosto de 1790. Fue hijo de Don Juan de Diós Melgar Sanabria y Doña Rosa Valdivieso Gallegos. Fue bautizado dos días después de su nacimiento en la Catedral de Arequipa. Creció en su tierra natal, a los tres años ya sabía leer y escribir. Su hermano José Fabio Melgar afirmaba que a los ocho años ya manejaba el latín, y otros autores indican que además Melgar antes de cumplir los diez años llegó a dominar el inglés y francés. Estudia tempranamente en el Convento de San Francisco. Antes de los ocho años el ilustrado y digno obispo Chávez de la Rosa le confirió la prima tonsura y le vistió el hábito clerical. Esto significó a la larga un litigio que terminaría al cumplir Melgar sus 23 años, consistía en la obtención de una capellanía en una viña en el valle de Majes. Se debe mencionar que era el padre del poeta quien estaba interesado en que Mariano obtuviese dicha capellanía, y que sus planes se vieron afectados ante la decisión del joven Melgar de abandonar los hábitos.

Es durante esta etapa de su vida que Melgar había tenido acceso a una nutrida biblioteca, la biblioteca del Seminario Conciliar de San Jerónimo, que en aquel entonces había alcanzado renombre bajo la dirección del obispo Pedro José Chávez de la Rosa quien a su vez había siempre mostrado especial interés en los nuevos conceptos y teorías traídas del viejo mundo; por ello la biblioteca del Seminario de San Jerónimo era conocida como una de las más completas de la ciudad (si no la más completa), además de poseer entre sus volúmenes muchos de aquellos que fueran prohibidos en el virreynato por su caracter revolucionario (Se sabe que muchos de los personajes más destacados de los primeros años Republicanos se formaron en este Seminario y tuvieron acceso a estos libros).

Fue maestro de Latinidad y Retórica, Filosofía y posteriormente figura también como profesor de Física y Matemática. Es poco después de haber recibido las órdenes menores en el Seminario San Jerónimo y por "Melissa" (cuyo verdadero nombre fue Manuelita Paredes) que Melgar decide abandonar los hábitos teniendo veinte años. Se aboca hacia literatura en donde destaca su poesía. Después de su primera decepción (que se hace notar en su "Soneto a la Mujer") se enamoró de María Santos Corrales, mejor conocida como Silvia, a quien él mencionaría románticamente en sus famosos yaravíes (forma poética lírica basada en el sentimiento en que el gran cantor arequipeño expresa su amargura y su tristeza).

Todo su drama amoroso y biografía puede considerarse verosímil siendo tomada de su conocida "Carta a Silvia", en la que el poeta expresa en 522 versos cómo conoció el amor y el dolor, hasta la aparición y pérdida de su amada niña. Fuera del tema amoroso, Melgar también había empezado a mostrar interés en los temas políticos, es así, que impulsado por sus ideales, Mariano persuade a sus padres para ir a estudiar leyes a Lima . Para seguir estudios de derecho y leyes en la Universidad de San Marcos viaja a Lima. El deseo de independencia en Lima fue tan alto como los campos de historia, geografía, filosofía y matemáticas. Tiempo después, decidió regresar a Arequipa, solamente para encontrar a Silvia, quien había sido persuadida por su padre de abandonar cualquier idea de unirse con Melgar (dice la tradición y leyenda de Melgar que esta oposición se debía a que la familia de Maria Santos Corrales culpaba al poeta por la muerte de la madre de la Joven "Silvia"). Si bien la leyenda lo convirtió en el eterno amante de "Silvia", son en realidad tanto su amor como su sentimiento patriótico los que le impulsaban de manera complementaria ("Por Silvia amo a mi Patria con esmero, y por mi patria amada a Silvia quiero").

Es luego del rechazo sufrido por parte de Maria Santos Corrales, que Melgar decide mudarse al valle de Majes. Y en noviembre de 1814 que Melgar decide enrolarse en el ejército de Pumacahua y viaja hacia Chuquibamba dejando su retiro en Majes, uniéndose a una columna de patriotas que partirían posteriormente a la ciudad de Arequipa. Luego de una intensa lucha, Melgar muere fusilado teniendo 24 años y medio, en Umachiri, el 12 de marzo de 1815.

La independencia del Perú

Melgar en su tristeza amorosa, se va a Majes (al oeste de Arequipa). Eventualmente, establece contactos con otros revolucionarios independentistas de la época. En 1814, la revolución de Mateo Pumacahua tomó lugar en el Cuzco, lo cual enfureció la aparente tranquilidad del virreinato español en el Perú e incitaron a Melgar para unirse a la causa independentista. Tras ganar el Combate de Apacheta en Arequipa, el ejército marchó hacia Puno en la batalla de Umachiri. Luego de la derrota de las tropas independentistas estos fueron hechos prisioneros, incluyendo al joven Melgar. El general español Ramírez, después de mantener cautivo a Melgar por un tiempo, ordenó a sus oficiales fusilarlo. Melgar murió en la mañana del 12 de marzo de 1815, poco antes de cumplir la edad de veinticinco años.

En mensaje antes de su muerte, Melgar escribió a los oficiales españoles: "¡Cubran sus ojos, ya que ustedes son quienes necesitarán misericordia porque América será libre en menos de diez años!".[2] Nueve años más tarde, el 9 de diciembre de 1824, la Batalla de Ayacucho tomaría lugar en la Pampa de la Quinua, a pocos kilómetros de distancia de Ayacucho, cerca al pueblo de Quinua. Esta batalla -entre realistas (españoles) y nacionalistas (republicanos)- selló la independencia del Perú y Sudamérica ante España.

El 2 de julio de 1964, en reconocimiento por su valentía en las primeras batallas predecesoras a la independencia, el gobierno del Perú reconoció oficialmente a Mariano Melgar como uno de los primeros patriotas y soldados del país para la revolución por La Independencia del Perú.

Obras

•             Cinco Elegías
•             Cinco odas:
•             A la libertad
•             A la soledad
•             Al sueño
•             Al autor del mar
•             Al conde de vista florida
•             Centurys
•             Cinco fábulas:
•             El cantero y el asno
•             Las abejas
•             Las cotorras y el zorro
•             Las aves domésticas
•             El asno cornudo
•             Una epístola
•             Dos sonetos:
•             La mujer
•             A Silvia

Vea: Nuestro Cancionero: https://arequipatradicional.blogspot.pe/p/blog-page.html


Fábulas

Muy poco se ha escrito y estudiado acerca de esta especial producción melgariana, sin embargo los hermanos Ataucuri García destacan en un extracto de su libro dedicado a este tema: "Melgar creía firmemente que la literatura era una herramienta útil para cambiar a la sociedad; por ello escribió sus fábulas, pequeñas joyas donde se amalgama perfectamente el literato con el patriota.

La temática de sus fábulas, muy oportunas para el momento histórico tan crucial que se vivía en esa etapa, reafirman su compromiso con la causa independentista. Además, tienen la característica inusual de haber sido escritas para una coyuntura muy específica: la etapa de la emancipación, con sus conflictos sociales, enfrentamientos ideológicos, anarquía política, moral, gubernativa, etc.; particularidad que es rara en las fábulas clásicas donde se destaca la atemporalidad de los temas.

En 1813, el periódico El Investigador de Lima, publica la fábula "El ruiseñor y el calesero" donde Melgar critica la subordinación de los gustos del pueblo a los caprichos advenedizos de la gente dueña del poder político y económico. Esta sería la única fábula que Melgar ve publicado, pues las otras salen a la luz varios años después de su muerte.

Posteriormente, en 1827, es el periódico El Republicano de Arequipa quien se encarga de dar a conocer otras fábulas más. En forma sucesiva publica siete "fábulas políticas" según nota de redacción en la que se realza las cualidades del malogrado paisano Melgar. "El murciélago" y "Los gatos" se imprimen el 16 de junio de 1827; "El cantero y el asno" y "Las abejas" el 23 y 30 del mismo mes; "El asno cornudo", el 7 de julio de 1827. Posteriormente, el 27 de noviembre de 1830, se publican "Las cotorras y el zorro", concluyendo con "Las aves domésticas", el 6 de agosto de 1831.
Años más tarde, específicamente el 13 de noviembre de 1891, el periódico arequipeño La bolsa publica, tomando como fuente los manuscritos de Martín Ureta, las fábulas "El Sol" y "El ruiseñor y el calesero", que ya había sido publicada en 1813. La última fábula que ha logrado conocerse es "La ballena y el lobo", descubierta dentro de un manuscrito original de Mariano Melgar y que está guardado en la Biblioteca de Lilly de la Universidad de Indiana, institución que lo adquirió junto a un legajo de documentos históricos de América Latina. De este modo, las fábulas melgarianas son diez en total, aunque otros añaden "El ciego, el sordo y el mudo", pero por su temática y estilo todavía existen dudas que sean de Melgar".



Mariano Emilio Bustamante y Mantilla




El Coronel Mariano Emilio Bustamante y Mantilla, (Tingo, Arequipa, Perú, 5 de agosto de 1831 - Arica, Perú - hoy en Chile -, 7 de junio de 1880) fue un militar que luchó por Perú en la Guerra del Pacífico contra el ejército chileno que buscaba invadir aquél país, tomando parte de tres de las batallas más importantes y definitorias de la campaña terrestre, Tarapacá, San Francisco y Arica, donde murió luchando.

Biografía

Nació en el pueblo de Tingo, cerca a la ciudad de Arequipa, Departamento de Arequipa, Perú, el 5 de agosto de 1831, siendo hijo de José Mateo Bustamante Dávila y de Rafaela Mantilla. Desde niñó la fascinaba todo lo que tuviera que ver con la carrera militar, lo cual no le agradaba a su padre, quien, para quitarle esa idea, lo inscribió en un colegio seminario.

Carrera militar
Por 1843, aún siendo estudiante del seminario, ingresa a las filas de Ramón Castilla y Domingo Nieto, quienes estaban iniciando una revuelta contra la dictadura del General Manuel Ignacio de Vivanco.
En 1846 asciende a cadete, y poco después ingresa al colegio militar.
Peleó en la Batalla de La Palma, el 5 de enero de 1855, al lado de José Rufino Echenique. También peleó en el Combate del 2 de mayo, en el Callao.

Homenajes
Actualmente, un cuartel del Ejército, ubicado en el Distrito de Mariano Melgar, en Arequipa, lleva su nombre.
Bibliografía
•             La Epopeya del Morro de Arica - 7 de junio de 1880. Lima, Perú, 1980.
•             Santos Mendoza, Arturo. Arequipa: Juicio a la Guerra del 79. Arequipa, Perú, 2003.