La ciudad de Arequipa, cuna de grandes hombres en todos los campos del saber, las armas, la religión y el arte han engrandecido a nuestra patria.

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Carlos Baca Flor


(14 de mayo de 1865, Islay, Arequipa, Perú – 20 de febrero de 1941, Francia) fue un pintor retratista peruano.
Nació en el puerto de Islay, departamento de Arequipa, al sur del Perú. Antes de cumplir un año fue llevado por su familia a Santiago de Chile; Carlos hizo en Santiago sus primeros estudios, dando muestras de talento para el arte, lo que fue estimulado por sus padres.

A los trece años murió su padre y quedó bajo el cuidado materno, Julia Soberón noble mujer, culta y generosa; cada viernes invitaba a 12 niños pobres a su casa y personalmente los atendía. Es relevante cómo fue la lucha de cada día, su madre viuda y él dejaba su niñez con la marca del huérfano. Pasaron días inolvidables de ayuno forzado; alimentados por la nutriente brisa yodada y el ocaso incendiado en la playa de Valparaíso. La mamá se ayudaba dictando clases de piano a los niños ricos en Santiago.

En Chile tuvo amigos que fueron como hermanos y profesores que lo quisieron como a un hijo. Cuando ingresó a la Academia de Bellas Artes de Santiago, en 1882, era apenas un adolescente, impetuoso, lleno de ideas, los alumnos de años superiores le decían “el crítico” porque al observar sus trabajos encontraba los defectos. Destacó siempre, ganó todos los años la medalla de oro ante el asombro de los estudiantes y profesores participando con: pinturas, esculturas y dibujos.

Carlos se prestaba la pintura al óleo que los compañeros de la clase querían botar, cuando al hacer una mezcla de colores no lograban el tono buscado. Les decía a sus amigos: “Dame lo que vas a botar, a mí me servirá”. Cuando se daba la noticia de que recibiría premio por sus pinturas, se acercaban los compañeros y reclamaban: “Mi mezcla de óleos estaba bien hecha. ¿Algún mérito tenemos?”.

Al terminar sus estudios le otorgan El Premio Roma, un galardón especial por haber ganado los tres últimos concursos de manera consecutiva. Aquí es el punto en la historia en el que se puede ver los valores de una persona única. Al estar en el estrado el día de la premiación el Rector de la Academia de Artes de Santiago le propone nacionalizarse (un requisito para recibir el premio era ser chileno). Baca-Flor contesta con voz clara y grave "NO mi patria pasa la desgracia de fracasar en una guerra y la patria es como una madre, uno no puede traicionar a su madre. Prefiero no recibir el premio". Acto seguido se retiró de la ceremonia. El embajador peruano comunicó el hecho a su presidente -entonces Cáceres- quien dijo: "Nosotros le daremos la beca a Roma". Baca-Flor hombre intachable y agradecido reconoce a Chile como su segunda patria; en la que se educó, lo quisieron y respetaron. El historiador peruano, Jorge Basadre, escribió que: "A mediados de 1887 llegó con su madre a Lima e ingresó al círculo de la familia del presidente Cáceres y de sus amigos en el que cultivaba la poesía, la música y las artes plásticas. El Congreso peruano votó con fecha 2 de agosto de 1889 una pensión para que fuera a perfeccionarse a Europa. Viajó el 6 de febrero de 1890 para ya no volver al Perú".


Llega a París en 1890 con ayuda del gobierno peruano, hace una secreta pero brillante carrera. En la eterna ciudad conoce el maestro español Francisco Pradilla que dirige la Academia Española de Bellas Artes de Roma. En París hizo amistad con el pintor catalán Hermen Anglada-Camarasa y juntos descubren la noche parisiense y sus posibilidades pictóricas. En Francia —1908— es descubierto por J.P. Morgan; magnate de las finanzas y apasionado coleccionista de arte. Morgan lo invita a Norteamérica, brinda un banquete en honor a Carlos y muestra el retrato que le ha hecho, asisten: banqueros, mineros, embajadores... Todos coinciden en la belleza y fidelidad del retrato de Morgan. Baca-Flor se convierte al instante en: El Retratista de los Millonarios.
El éxito

En 1907 gana en París el Primer Premio en el Salón Anual de Artistas Franceses. Sesenta críticos en voto unánime lo declaran ganador. Su obra se expone en el “Salón de Honor” (Nota: el artista no compite en el concurso anual, fue el Marqués de la Pallice quien presenta el retrato que le pintó Baca-Flor, lo hace concursar sin que él (Carlos) se entere).

Al año siguiente conoce a John Pierpont Morgan, magnate de la banca americana que frisaba los sesenta y nueve años, quien jamás permitió que lo retraten. Morgan ese año visitaba al modisto de su familia, el afamado Sr. Worth. Al ingresar al taller del sastre vio en la pared del fondo un cuadro entre dos cortinas de seda roja, el retrato en la pared hacía espejo nítido a los rasgos de Worth, arreglándose los bigotes exclamó: “Increíble…. Debo conocerlo, jamás pensé encontrar a un pintor que pudiera retratarme”. Worth de rasgos faciales finos lucía en claroscuro a tres cuartos: impecable, sereno, quieto, de bigote tupido, barba cuidada, talle pectoral ancho, terno azul plata y sombrero de copa. El retrato tiene dos zonas de luz intensa; el pecho en el que rebota un rayo de luz que se filtra desde arriba y el brillo chispeante de los ojos verdes, centelleantes, que auscultan discretos al espectador. “Worth en cuerpo y alma” exclamó J.P. Morgan. Morgan visita a Baca-Flor acompañado del conde Molk, amigo ferviente de Baca-Flor y pariente de Morgan, tocan de manera fuerte y acompasada la puerta del estudio del pintor en la calle Dosne. 


Carlos abre la puerta y ve un anciano elegante, de rostro adusto pero sonriente, pequeño, de mirada viva enmarcada con espesas cejas. Se presenta con acento yanqui: Me llamo Pierpont Morgan, luego el banquero le mencionó brevemente acerca de su fortuna y la fama que tenía como hombre de negocios y coleccionista de Arte. Carlos le dijo abiertamente: “No tengo interés en su dinero, ni en mecenazgo alguno”, el magnate replicó: “Quiero que usted pinte mi retrato”. Pasaron casi dos años para que Carlos viaje a Estados Unidos y pinte a J.P. Morgan, primero hubo de crearse la amistad entre ambos. Morgan al entender que B-F no buscaba clientes lo rodeó de atenciones. Le obsequió un original de van Dick, lo invitó a que pase una temporada en New York…

Lo que el visitante aquella vez no sabía era que Carlos seleccionaba a sus modelos. Carlos Baca-Flor –llamado en Francia El Magnífico- era una persona irrepetible, opuesto al "común"... de los mortales. “Adorador de la religión a la belleza y modesto hasta la exageración” según Don Federico Larrañaga, 1898.

Baca-Flor corona su vida con la fama y el éxito profesional. Cultiva disciplina, seriedad y un talento hiper realista que aún no ha sido reconocido por los catálogos de Historia del Arte. Fallece el verano de 1941 escuchando el réquiem atronador de las bombas invasoras en Francia, su tercera patria.