La ciudad de Arequipa, cuna de grandes hombres en todos los campos del saber, las armas, la religión y el arte han engrandecido a nuestra patria.

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César "ATAHUALPA" Rodríguez Olcay



César "Atahualpa" Rodríguez (seudónimo de César Augusto Rodríguez Olcay, 1889-1992), poeta peruano, también de Arequipa, colaborador de Flechas, autor de La torre de las paradojas (Buenos Aires: Nuestra América, 1926). Escribió uno de los prólogos al primer libro de Hidalgo, Arenga lírica al Emperador de Alemania (1916). En 1928, fue miembro del grupo Los zurdos, formado alrededor de la revista Chirapu. Véase su Obra poética. Lima: Universidad Nacional de San Agustín, 1993.


Nació el 26 de agosto de 1889, fueron sus padres César Rodríguez y Mercedes Olcay quienes le pusieron por nombre César Augusto. Adoptó el nombre de Atahualpa pues así lo llamaba el poeta Percy Gibson M. Estudió en el colegio de la Independencia Americana, trasladándose luego a Lima donde dio inicio a sus estudios universitarios en San Marcos, los que tuvo que abandonar por dificultades económicas retornando a nuestra ciudad. Durante años fungió como Amanuense en una notaría. Pese a ello continuó con la lectura en base a libros que se prestaba, convirtiéndose en un autodidacta de extensa y sólida cultura. Hacia el año de 1916 se hizo cargo de la Biblioteca Municipal, cuya dirección ejerció durante más de cuatro décadas (1959). 

Debido a sus conocimientos, la Universidad de San Agustín le confió la cátedra de Historia de la Literatura, cargo que ocupó por bre ve tiempo. Colaboró con numerosas publicaciones entre las que cuentan: El Pueblo, El Deber, Noticias, El Comercio, La Crónica, Mundial, La Semana, Ariel (Montevideo). Formó parte del grupo "Aquelarre". Cultivó la poesía, la narración y el ensayo; reuniendo su obra poética en "La Torre de las Paradojas", "Poemas", "Sonatas en tono de Silencio", "Los últimos Versos", "Cien Poemas", "Arequipa en diez Poemas". También escribió la novela "Dios no nos quiere"; y los libros de ensayo "El Misti, genio tutelar de Arequipa" y "Ciudad de Piedra". Ha dejado a su vez, gruesos volúmenes de sus "Anales de Arequipa", que escribió durante su dirección de la Biblioteca Municipal, donde se conservan. Recibió las distinciones de la Orden del Sol del Perú, La Medalla del Senado, Medalla de Oro de la Ciudad y el Texao de Oro de la A.N.E.A. Murió el 12 de marzo de 1972.


En una entrevista al poeta José Gabriel Valdivia, este señala:



"En la Biblioteca Municipal llego a tomar un libro de Baudelaire subrayado por Atahualpa Rodríguez, él era un baudelariano. Hay toda una especie de mito con su libro La Torre de las Paradojas, él eligió el silencio como morada, se decía que era muy huraño, no lo llegué a conocer, él muere el 70 o 72 y éramos muy niños... Hay una anécdota de Neruda que dice que viene a Arequipa y va a buscarlo y le responde la hija de Atahualpa Rodríguez: "dice que no está". "Entonces dígale que no he venido", le responde Neruda."


Adjunto, alcanzamos lo que se escribió respecto de su libro La Torre de las Paradojas en 1926; Mirko Lauer lo expone como parte de la Polémica del vanguardismo de 1916-1928.


El siguiente artículo se publicó en la Revista Amauta en 1926:


La Torre de las paradojas/ Miguel A. Urquieta


Entre tanta puerilidad amariconada y seudoizquierdista que hoy paren a todo viento los literaturizantes de Europa y América, el libro del "indio Rodríguez" se alza como un alisio de arte viril que, sin ser de extrema zurda, sopla francamente de izquierda.


Para hacer arte de vanguardia, rebelde, inquietador, roturador de horizontes monótonos, el admirable poeta peruano no ha necesitado vestirse de mamarracho ni andar de cabeza o asomarla por entre las piernas, como los hombres de goma de los circos, en inverosímiles y lamentables contorsiones.

Las extravagancias jazzbandianas no son, para mí, arte de izquierda. Eso es hacer con el cerebro lo que Onán hacía con el sexo. Y lo que hacen los seminaristas en el exmisterio de los internados. Sodomizantes que pretenden incluso gomorrizar el arte.


Arte de avanzada y arte permanente es el que vibra en La Torre de las Paradojas. Nuevo sin ridículo, orquestal sin estridencias, audaz sin jeroglíficos ni urgencia de buscar "la solución mañana" como en las charadas de exfoliador.


El arte seudoizquierdista —mero alarde de buen humor en unos, paulicianas aberraciones del gusto en otros, novelería intonsa en los más—, tiene dos concreciones definitivas: el jazz-band y las palabras cruzadas. Ese ruido de peroles, sartenes, cencerros, guitarras, ukuleles, bacines, todo a un tiempo, mezclado, ensordecedor, dinamita del tímpano. Ese infecundo desgaste medular, que convierte al imaginador en mula, por lo estéril, y al descifrador en papanatas, entreverando palabras de quita y pon, chinitas de colores, gu-gús infantiles, emociones postizas. Todo, arena mojada que conserva una forma cualquiera mientras le dura la humedad.


Solo permanece el arte que tiene vértebras de bronce, mármol, granito, cualquiera que sea su dirección.


Junto al faro-rompeolas, espeso de luz, macizo de color y de calor vital, de los "Encadenamientos" de Barbusse, por ejemplo, cuántos millares de castillos, monigotes, apeñuzcamientos, ciudades enteras de arena, sin cohesión real, fugaces e iguales todos en su aparente diversidad, en su ilusoria resistencia al sol que seca y al viento que desmenuza.


Una literatura con vida y alcances de cuplé, no tiene valor social.


Pienso que la literatura, como toda expresión de arte, ha de ser índice de cultura, guía de humanidad. No guía lo que no es constante, en materia o en espíritu. Libro, monumento, credo cualquiera.

—Urquieta tiene ahora la fobia de lo nuevo— dirán por ahí.

No, señor.


Lo que tengo, lo que tuve siempre, es la fobia de lo feble, de lo falso, de lo catastrófico.


Catastrófico es que talentos de verdad dilapiden médula eyaculando al suelo. El mal ejemplo es como la pelagra. (La pelagra se combate y se cura con buena alimentación y tónicos).


Los muchachos, fácilmente alucinables, prontos siempre a copias, encuentran que es más cómodo reemplazar cultura y estudio con audacia, y en vez de agudizar el cerebro y desbrozarlo, lo embotan de tontería y vacuidad en la más simiesca de las imitaciones. Y nadie niega que si es lamentable venir del mono, mucho más lamentable resulta regresar a él.


La Torre de las Paradojas asienta sobre roca firme sus altos muros de bronce. Atahualpa, el torrero, es, por hoy, el más beethoveniano de los poetas del Perú: elevación de pensamiento, belleza de expresión, audacia imaginativa, ágil y vigorosa armonía del verso.


Una obra de arte, en suma. Y un artista.


La Paz, noviembre de 1926.


Publicado en la Revista
Amauta, Lima, 1926, Nº 4:4

Fuentes:
http://64.233.169.104/search?q=cache:p1 ... cd=1&gl=pe

Fuente:
http://filmbiologico.blogspot.com/2007/ ... ta-se.html