La ciudad de Arequipa, cuna de grandes hombres en todos los campos del saber, las armas, la religión y el arte han engrandecido a nuestra patria.

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Hortensia Málaga



En el último tercio del siglo XIX podemos advertir la participación de muchas mujeres en diferentes ámbitos de la sociedad, sobre todo, en los círculos intelectuales. A partir del siglo XX, la mujer alcanzó un papel relevante en la construcción de la realidad social e histórica del país. La generación nacida en las primeras décadas de dicha centuria, fortaleció la lucha por la justicia social y la equidad, además logró el empoderamiento de un espacio a través del periodismo, la literatura, la pedagogía y la política.

La escritora arequipeña Hortensia Málaga Cornejo de Bouroncle, fue parte del impresionante movimiento cultural que comenzó a producirse entre los años 40 y 50. Nació un 26 de diciembre de 1911 y fue bautizada el 2 de febrero de 1912 en la parroquia de San Marcelo en Lima. Hija de don Samuel Málaga y doña Raquel Gonzáles Crevoisier. Realizó sus estudios en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús y se casó con el contador público Eduardo F. Cornejo Bouroncle.

Se tiene conocimiento que colaboró con el diario “El Pueblo”, escribiendo artículos sobre los derechos de la mujer y asuntos sociales y políticos. Comenzó su carrera literaria con el cuento “El Rey de los Mendigos” que fue premiado por el Ateneo de Arequipa en 1930, al igual que su poema “Amor triunfal”. En 1936 publicó la novela titulada “La tía Flor”, por la cual recibió elogios de diferentes escritores, entre ellos la argentina Adela García Salaverry, afirmó que se trataba de una “novela de resonancias sociales y psicológicas es la que nos ofrece la distinguida escritora peruana. Novela de generosa pujanza democrática y humana”; la escritora boliviana Mercedes A. de Urquide, dijo: “Leí La Tía Flor, con fruición, por la realidad y verismo con que pulsa una época del pueblo peruano”; el escritor polaco Stanislaw Jazurkiewicz, agregó que “es un vigoroso cuadro de la dolorosa realidad peruana”; para el poeta arequipeño César Atahualpa, “es una valiosa contribución a la Literatura arequipeña, en ella se dilucidan problemas de carácter político, social e histórico”; y el escritor Uriel García comentó que es una “interesante novela con típicos acontecimientos políticos y escenas características de nuestra psicología”.

Aquel mismo año dio a conocer su colección de poemas bajo el título de “Captus”, del cual el poeta y periodista uruguayo Mauricio Obelar, indicó: “Es poesía pura y delicada, ha merecido los más cálidos elogios de la crítica americana”; y el escritor argentino Domingo Blunno: “Teje en sus poesías con fluidos más puros de alma y la frescura de un estro rico e inagotable de sentimientos de Amor, de Moral y de Justicia”.

Hortensia fue presidenta fundadora de la “Unión Femenina de Arequipa de Letras y Artes”, institución que se vinculó con intelectuales de toda América, dado sus ideales pacifistas y de culturización y elevación espiritual de la mujer. A propósito de ello, publicó una nota periodístico donde anunció la formación de este grupo en 1933. Asimismo, destacó como delegada de “Fraternidad Espiritual Latinoamericana” que tuvo sede en Buenos Aires (Argentina).

Ha sido miembro de la “Asociación de Escritores y Artistas Americanos” con sede en La Habana (Cuba), secretaria de la “Unión de Mujeres Americanas” y de la “Legión Femenina”. Miembro de honor del “Comité Cultural Argentino” con sede en Buenos Aires. Presidenta organizadora de la Central Peruana del “Círculo Periodístico Indoamericano” con sede en Montevideo (Uruguay). También, ejerció la dirección de la revista de cultura peruana “Cruzada” (editado en 1940-47), y es autora del libro de poesía “Carcacha”, “Tesoro Andino”, “Amor la soledad” y “Estampas”. Escribió otras novelas como:“Oro en la Chacra” (1946), “Silvia” y “Vigía”.

Datamos un extraordinario artículo publicado en el diario decano de Arequipa, el 12 de octubre de 1940, titulado: “La mujer arequipeña” y un poema titulado “Genealogía del volcán Misti y su Arequipa”. No cabe duda que Hortensia Málaga fue una autora prolífica; en consecuencia, también sus trabajos se encuentran publicados en otros diarios como Noticias.

Cabe mencionar que en la Navidad de 1953, publicó en el desaparecido periódico: “Va a venir un niño a la familia”, donde la autora critica que el árbol de Navidad –dentro del simbolismo del advenimiento– cobre mayor relevancia ante el pesebre, misterio, o comúnmente conocido, nacimiento. El cuestionamiento no escapa a sus apasionamientos y por lo tanto cabe analizar el texto con mayor detenimiento, ya que incluso podemos encontrar algunos antagonismos. Por un lado se afirma que adorar a personajes divinos hechos de piedra es un engaño y por otro busca reivindicar a los pesebres que –evidentemente– tienen la misma equivalencia, solo que en contextos diferentes. Asimismo, revela la composición social de la fiesta, la incorporación de nuevas costumbres y personajes a esta tradición, cuestionando la figura de Papá Noel.

A esto se suman otras reflexiones. En “El Cristo de la paz viene a la familia” publicado el mismo año, nos dice que “La Navidad no es fiesta de diversiones callejeras, ni de bailes en salones, ni bares. Es la auténtica fiesta del hogar, el regocijo del espíritu, de la paz, de la fraternidad universal, pues en todos los pueblos donde se conoce a Cristo, aún en los no católicos, se celebra su venida, haciendo del hogar su verdadero sentir de calor, unión, compenetración de ideales, alegría, tributaciones y anhelos”.
El abordar dicha temática nos muestra una obra ligada a la niñez de aquel entonces. Asimismo, es de destacar, su labor como presidenta del Patronato de Damas del comité por la construcción “La Ciudad de los Niños” de Santa María, presentando un proyecto en 1952, el cual pretendía un centro educacional para formar en valores a los niños y alejarlos de la delincuencia y mendicidad. Ciertamente, Hortensia Málaga, afirma que: “Todas las grandes reformas se han hecho en base a este principio clásico y tenemos que Esparta y Grecia, se hicieron legendarias porque se esmeraron en formar a su niñez y juventud en crisol de virtudes”.

Sus declaraciones en el “Día de la Madre” de 1954, mostraron a una mujer sensible, preocupada por las mujeres de su tiempo, ella expresó: “Las principales necesidades que afronta la madre proletaria son: las de vivienda, alimentación y anonimato. Viviendas insalubres dan por resultado niños enfermos. Alimentación deficiente, raquitismo y pobreza mental. Anonimato, resentidos sociales, seres aislados, parias de la sociedad, vergüenza”. Similares contenidos encontramos con su texto “La Mujer Arequipeña” (1963), tiempo en que publicó su trabajo “Sor Juana Inés de la Cruz”.

Finalmente, es autora de una serie innumerable de poemas, entre los que destacan: “Bendito el vientre que te concibió” (1956), cuyos versos nos evocan a la “Semana Santa” buscando reivindicar a la mujer y a los cristianos. También publicó “Plegaria al Señor de los Milagros” (Noticias, 23 de octubre de 1960). Y entre sus obras inéditas tenemos “Tesoro andino” (poemas). La afamada escritora murió en Lima el 16 de octubre de 1996. Recordarla es un verdadero tributo a la mujer.

Fuente: El Pueblo, articulo de Hélard André Fuentes Pastor.