La ciudad de Arequipa, cuna de grandes hombres en todos los campos del saber, las armas, la religión y el arte han engrandecido a nuestra patria.

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Maximiliano T.Vargas

Nació en Arequipa, en 1874. Murió en Lima en 1959 como un desconocido. Inició su carrera como fotógrafo profesional hacia 1896 a sus veintidós años, lo que hace suponer que su aprendizaje del arte de manejar la luz se inició, siendo aún muy joven. No se conoce quienes fueron sus maestros o de que manera se introdujo al mundo de la fotografía; no obstante, por entonces, Arequipa ya cobijaba a muchos fotógrafos, entre ellos Emilio Díaz. De su vida de esos años, se sabe que fue uno de los principales animadores del Centro Artístico -fundado en Arequipa en 1890- donde jóvenes intelectuales que cultivaban la pintura, la escultura y la fotografía estaban convocados para presentar sus obras en la reunión anual. Se tienen registros de que participa el año 1897 en uno de los concursos de fotográficos realizado en el Cuzco donde gana el máximo galardón (la medalla de plata). 

El Centro Artístico fue, de hecho, una institución importante para el desarrollo de la fotografía arequipeña debido a los concursos fotográficos a los que convocaba y que tenían una fuerte recepción. Andrés Garay Albújar (Límites de la fotografía, límites del fotógrafo) señala al respecto: “De hecho, el Centro Artístico introdujo en Arequipa un espacio de modernidad peculiar, en el que desde sus criterios visuales fueron reconocidos y premiados talentos de la fotografía como Emilio Díaz, Max T. Vargas, y en dos ocasiones (1916 y 1917) a la todavía promesa Martín Chambi por sus paisajes fotográficos” y, en relación a los eventos a los que anualmente convocaba: “Si consideramos que la Arequipa de entonces tenía un componente socio cultural de marcados gustos europeos, llama la atención un hecho como el de la presencia de fotografía y pintura en un mismo espacio expositivo sin problemas ni discriminaciones”.

Es con todo este bagaje que Max T. Vargas subió desde Arequipa al altiplano boliviano fotografiando gente, paisajes y lugares arqueológicos. Llego a la ciudad de La Paz antes de terminar el siglo XIX donde registró, con su cámara, paisajes y personajes ilustres de esta ciudad. Es posible que allí, ya por entonces, abriera un estudio fotográfico residiendo en la misma por temporadas. Así a este período corresponde las ediciones de tarjetas en formato de Tarjeta Postal que llevan la inscripción de: “Edición propia de Max T. Vargas, Arequipa & La Paz”. Si bien no sabemos en qué ciudad fueron impresas; la leyenda que aparece en las mismas sugiere que pudo ser en una de estas dos ciudades o, de manera paralela, en ambas. Probablemente Vargas tuvo la intención de establecer una conexión comercial entre ambas importantes localidades.

Su paso por Bolivia no fue fugaz ni precario si tomamos en cuenta que estas fototipias eran entregadas en tarjetas de lujo y con formato de gran tamaño. Entre las tarjetas se han conservado aquellos paisajes urbanos de la ciudad de La Paz y de Tiwanaku. De los retratos existe una importante cantidad de imágenes de mujeres y/u hombres de la elite, posando solos o con su familia -posiblemente registradas en el estudio fotográfico instalado en la ciudad de La Paz. Las mismas llevan igualmente el rótulo “Max T. Vargas. Arequipa y La Paz”, sugiriendo una suerte de circulación constante entre ambas ciudades y sus respectivos mundos y sociedades, ya que, sabemos también que paralelamente a su estudio en La Paz, tenía en Arequipa un lujoso Estudio fotográfico, el más grande e importante de entonces en todo el Perú, situado en pleno centro de la ciudad,.

Puede considerarse que Max T. Vargas fue un iniciador de la fotografía documental. Sensible a registrar el patrimonio arquitectónico y arqueológico influyó en esta línea sobre la obra de fotógrafos peruanos como Martín Chambi y posiblemente de fotógrafos que ejercían este oficio en Bolivia como el italiano Luís Domenico Gismondi o de Julio Cordero, a quienes debió haber conocido siendo éstos también importantes fotógrafos en la ciudad de La Paz.

Max T. Vargas como retratista fue un experimentador de la luz y de la sombra, así como de las composiciones en la que integraba a las personas, junto al telón de fondo a fin de crear una nueva realidad y el mobiliario. Queda claro que la utilización de este último elemento tenía el fin de resaltar al retratado, de manera similar a lo que hacían los pintores cultores del retrato. De ahí ese afán que se nota en sus fotografías de estudio de captar los rasgos distintivos de la persona retratada, su particularidad, para lo cual, buscaba poses bastantes estudiadas insistiendo en lograr los mejores contrastes de luz y de sombras.

No conocemos el impacto que tuvo Max T. Vargas en el desarrollo del arte de la fotografía en Bolivia. En el Perú, se sabe que destacados artistas pasaron por su estudio fuera de Chambi, quien afirmaba que su arte tenía raíz arequipeña, entre ellos el carismático bohemio J. M. Figueroa Aznar, pintor y fotógrafo. Carlos y Miguel Vargas Zaconet (los “Hermanos Vargas” -que no eran parientes suyos), dos de los más destacados fotógrafos peruanos, aprenden este oficio con él. Otro discípulo suyo fue su hijo mayor, Alberto Vargas, quien se hizo mundialmente famoso al crear las glamorosas Varga’s Girls, ilustraciones que quedaron marcadas en el imaginario de muchos hombres durante la Segunda Guerra Mundial desde las páginas de las revistas Squire y Playboy.

El declive de la obra de Vargas empezó hacia 1920, año en el que desaparece de Arequipa reapareciendo en Lima -a mediados de 1930- publicando tarjetas postales carentes de todo nivel artístico. En la década de 1940 dejó la práctica fotográfica y pasó rápidamente al olvido.