La ciudad de Arequipa, cuna de grandes hombres en todos los campos del saber, las armas, la religión y el arte han engrandecido a nuestra patria.

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Juan A. Rodríguez






La biografía de Juan A. Rodríguez está por escribirse, no poseemos datos recopilados de sus estudios, de su formación, de sus maestros. Lo único de que podemos estar seguros es de que poseyó una inteligencia extraordinaria en suma, de que fue un apersona de gran vitalidad, dando a esta palabra el sentido de vida física y espiritual robusta y pletórica de salud.

Rodríguez tuvo la fortuna de no ser un “incomprendido” en su propia tierra, sino al contrario. Y conste que en los años que le toco vivir, sus proyectos debieron parecer a muchos, muchísimos, si no “inventos de loco”, por lo menos eutrapelia ingenieril. Y  es que entendía a su gente. Aunque parece forzoso suponer que estuviera contaminado por el espíritu  positivista del novecientos, es evidente que conservó intacto y quizás si hasta cultivó con esmero la religiosidad de sus padres, el lirismo de su lar nativo. Recordemos el caso del “Sifón”. La acequia que corría al final de la calle ejercicios era causa de pública protesta. Daba lugar a sin fin de molestias, que no es el caso referir aquí. Para eso estaba el Maestro Rodríguez. Presentó un atrevido proyecto para subterrar las aguas en un acueducto. Parece que esa vez no logró convencer.

 Dejemos de lado a los señores que se gastaron pullas y bromas a costa del “Sifón”. Su risa fue efímera, como toda risa. Interesémonos en la quinta esencia humana de nuestro pueblo de antaño: el labriego, el campesino. No  argumentaba, Juan Pueblo, sino como siempre “exponía simplemente” ¿Qué? Pues, que el “Sifón” era un peligro mortal para sus animales: estos podían caer en una de las bocas del acueducto y perecer ahogados ¿Qué mayor y más entrañable queja? Rodríguez, alma fina y sensible, se apresuró a devolver la paz al alma de estos sus queridísimos coterráneos. Hombre práctico naturalmente les habló como lo que eran, simples labriegos, que franqueza no quita cariño. Semejante a mi recordado maestro Ramírez que por mucho queremos muy rudamente, nos trataba , allá en un pueblito serrano, Rodríguez colgó su respuesta en el Portal de San Agustín ¿A caso las cosas del pueblo no deben ventilarse en los portales precisamente? Se trataba de un gran diseño de su proyecto. Al pueblo, no hay nada que le convenza mejor que lo que le convence por la vista.

La enseñanza, en el diseño estaba magistralmente cifrada en objetivo humorístico: “Caía un “chacarero” con su lampa por una de las bocas, dice Vladimiro Bermejo y salía al otro lado convertido en burro” Y añade: “Fino humorismo que en lugar de restarle simpatías a la obra ideada, le sirvió para construirlo años más tarde”.  (“Noticias”, 9-IV-497, p.4)

Hombre que sabía ganarse el corazón del pueblo tan diestramente ¿Cómo no iba a ganar el de Arequipa toda? Realmente, el título de Arquitecto le quedaba arquichico a Rodríguez. En Asamblea del 20 de octubre de 1880, realizada en la Inspección de Policía de la Municipalidad (¡Cosas de antaño!), fue elegido por su Gremio Maestro Mayor. Justo título. Pero aún le queda chico. Rodríguez, además de Maestro Mayor, fue "El Constructor".

¿Cuántas obras construyó? La cantidad es lo de menos. Hizo algo más que obras: trabajos. Para  hacer obras, de estás basta ser un mero arquitecto. Para hacer trabajos, aunque sólo sea una docena hace falta tener algo de Hércules.
Cada obra fue ocasión de muchos trabajos. Así se iba tallando espiritualmente a sí mismo e iba tallando a una a su pueblo. Veamos, pues, sus obras para adivinar cuantos y cuan incansables serían sus trabajos:

Una de las primeras y más humildes fue la cúpula del Templo de Yanahuara por la cual el 18 de julio de 1872 los pobladores de la Villa le expresaron público agradecimiento y le recomendaban fraternalmente: “Prosiga el señor rodríguez con su entusiasmo y tino que le son peculiares, recibiendo las bendiciones del cielo…” (Ver “La Bolsa” fecha citada). Y las siguió recibiendo.

El 24 de agosto de 1878 se colocó la primera piedra del edificio del colegio de los Sagrados corazones. El 7 de diciembre de 1887 era ocupado por primera vez.

La obra sufrió la interrupción de la guerra con Chile. Rodríguez al parecer, sólo construyó  la planta baja. Pero en cambio el Templo o Capilla, estrenada el 24 de agosto de 1908, fue obra suya por entero.

Quizás la mayor de sus obras fue el puente Grau. Empezado a construir  el 14 de julio de 1884, empezó a ser transitado, según se afirma el 14 de abril de 1885 (datos que recoge V. Bermejo). Dio origen a toda una marea de civismo. Además de la invasión chilena, la escasez de dinero retardó la terminación. Por contrato, el Maestro Mayor Rodríguez  debía pagar la mano de obra, calculada, con los seguros cálculos de aquellos tiempos, en 11,985 soles 00 centavos. Pero era “su” obra ¿La iban a interrumpir chilenos o miserias? No sólo apuró concienzudamente sus bolsillos, sino que obligó a apurar los bolsillos a todos y hasta la fuerza de los recién descansados soldados. El Municipio emitió billetes forzosos de 10, 20, 50 centavos y un sol, cambiables “En lo posterior”. El Coronel Carreón prestó el contingente de sus tropas  y gracias a él se hizo el terraplén.

Al quedar terminado el puente Grau, probablemente el primer homenaje a nuestro Capitán de los mares, Rodríguez podía sentirse por privilegio rarísimo, extraordinariamente infrecuente, autentico Pontífice. No sólo había unido esta y la otra Banda, sino que además había soldado, espiritualmente al pueblo arequipeño, lo había hecho sentirse grande en su esfuerzo después de años de  humillación ¡Puente Grau! ¡Robusto y sólido como eres, simbolizas la robusta y sólida alma del pueblo a cuyas dos mitades unes!

El “Sifón” de la calle Ejercicios fue concluido muy probablemente en 1896. No tenemos las fechas de otras obras: La reconstrucción de las torres de la Catedral después del terremoto de 1868, la torre del Templo de Santo Domingo, el peine del puente Bolognesi, el local del colegio Salesiano, la refacción total del Templo de San Agustín, la Capilla del Cementerio, el altar mayor de la iglesia de la Merced, la iglesia del Señor de la Caña, el Observatorio de Carmen Alto….etc. etc. El 20 de noviembre de 1889, la sociedad de Beneficencia  Pública de Arequipa le acordaba “un voto de gracias por el decidido interés y marcada abnegación” con que había realizado una obra últimamente, en el hospital de San Juan de Dios.

¡Pródiga vida, Juan Rodríguez, El Constructor!
Su último trabajo fue morir. Murió el 25 de octubre de 1906

Fuente: Diario El Pueblo 1956


El 25 de octubre se celebra el "Día de los Trabajadores en Construcción Civil", fecha reconocida por la Ley 24324. Mediante dicha norma se enaltece su abnegado esfuerzo e importante contribución al desarrollo nacional.

Los obreros del andamio forjan con dedicación y sacrificio las grandes obras públicas y privadas que la sociedad requiere para su bienestar y progreso social.


Fotografía: Adegopa