La ciudad de Arequipa, cuna de grandes hombres en todos los campos del saber, las armas, la religión y el arte han engrandecido a nuestra patria.

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Manuel Muñoz Nájar Villalobos



Nació en el distrito de Miraflores en el inmueble numerado hoy con el 127 de la calle San Antonio el 4 de abril de 1857. Su nombre completo fue Manuel Lizardo y, según la partida de bautismo, fue hijo legítimo de Pedro Muñoz Nájar y Manuela Villalobos.

Fue gobernador de Miraflores en 1891. Ejerciendo el cargo propuso al Concejo Provincial que los fondos obtenidos (31 soles mensuales) por el mercado de Miraflores quedaran en el barrio para pavimentar las calles, prestando el dinero necesario para que las obras se inicien de inmediato. La propuesta fue aceptada.

La industria y el comercio del sur del país recibieron el aliento y el aporte de su capacidad técnica, a tal punto que le valido la condecoración que le otorgo el gobierno de la Gran Orden del Sol.

En el orden educacional, siempre fue preocupación especial suya prestar ayuda a la niñez desvalida, así concreto su anhelo con la fundación de la Escuela que lleva su nombre y que puso al cuidado de los hermanos de las escuelas cristianas.

En el orden social y religioso prestó respectivamente su contingente económico y caritativo en la construcción de un moderno pabellón de dos pisos para el asilo de ancianos Víctor F. Lira.Hizo su testamento el 26 de junio de 1946, donde declaró "ser comerciante, viudo, peruano, de 89 años de edad".Se casó con Candelaria Velarde Moscoso, el 1° de enero de 1887. Con ella tuvo los siguientes hijos legítimos: Pedro, Merce­des, Luis Alberto y José Muñoz Nájar Velarde.Entre sus bienes declaró en su testamento la existencia de mercaderías, fábrica de anisados y demás activos de su negocio.

Murió el 4 de marzo de 1947, a las tres de la tarde, de senilidad, en la casa 127 de la calle San Antonio, Miraflores. Alberto Ballón Landa Arrisueño en representación del Concejo Provincial, antes de inhumarse los restos de Manuel Muñoz Nájar en el Cementerio General, dijo lo siguiente: "La vida del señor Muñoz Ná­jar es un ejemplo para nuestra ciudad y para el Perú. 

No la vivió solo para él con su alto concepto de altruismo y de amor a la humanidad, hizo partícipe a Arequipa, de su patrimonio, ayudando económicamente al progreso y embellecimiento de la ciudad de una y otra forma. Un ligero índice de su desprendimiento y filantropía es el magnífico local de la Escuela que lleva su nombre (...) El señor Muñoz Nájar hizo un escudo de su Religión porque en ella se amparaba, y una lanza de su caridad cristiana, porque con ella hería a los enemigos de su fe".

Fuente: La firma Muñoz Nájar, Mario Rommel Arce.